miércoles, 18 de noviembre de 2009

Para matar con amor




Karen Llantoy se despertaba asustada todas las mañanas. Sentada al pie de su cama ponían las manos en su vientre esperando a sentir el mínimo movimiento. Su embarazo no era normal, a sus diecisiete años llevaba dentro a un bebe destinado a morir. Producto de una malformación su hija crecía sin cerebro y ningún tratamiento médico podía salvarla. Rogó por ayuda, pero el conservadurismo del Estado peruano la sentenció a un calvario. El aborto terapéutico le fue prohibido.

“No sentía ganas de vivir y mis días eran absolutamente nublados en todo aspecto. No sé cómo he logrado salir de todo eso.” Cinco años después Karen reflexiona sobre el episodio más traumático de su vida. Lejos del país tiene la confianza de que la publicación de su experiencia remecerá los cimientos del Código penal y los 370.000 abortos que se producen al año dejarán de ser clandestinos.

El caso ha regresado a la ONU y el plazo para indemnizar a la víctima ya está vencido. La despenalización del aborto por violación y malformaciones congénitas aparece como la única opción para salir del problema. La ciudad está plagada de historias de perforaciones hechas en casa y los ojos acuciosos de nuestra sociedad conservadora no pueden detenerlas. La desinformación sobre los cuidados de la vida sexual es una realidad que deja una marca en las escuelas y las ideas claras que lleven a decisiones inteligentes no llegan. Es probable que la resonancia de este caso en particular sacuda a las altas instancias, pero sus verdaderas consecuencias están aún por verse.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Una furia rara


Truffaut dejó su vida en imágenes. La vida era la pantalla, derramó sus vivencias, sus ilusiones y desesperanzas. Una audacia que puede ser vista como su forma personal de curarse de todos esos traumas que desde niño lo persiguieron. Antes de la película se encontró con "Jules et Jim" la novela escrita por Henri-Pierre Roché y se enamoró perdidamente de la historia. Un triángulo amoroso entre un alemán (Jules), un francés (Jim) y una chica elevada a la categoría de diosa mística (Catherine), dificilmente una formula fácil de tragar para una sociedad todavía intolerante y conservadora.

Invadida por una especie de fiebre de felicidad, se trata de un filme de movimientos violentos y a la vez tiernos, de comentarios insperados y cortos que al ser analizados descubren la verdadera intención de los personajes. De miradas y de dejar que las cosas caigan por su propio peso.

La voz en off, hilo literario y narrador de acontecimientos, marca una estética de espacios sin silencios. Arrima la quietud y trasmite la energía y la fuerza que da la sensación de un cine mudo paisajista, pero nuevo. Este recurso aparece desde el comienzo, en una obertura desconcertante, donde se marca el cuadro ficcional con pedazos del inicio de la amistad entre Jules y Jim. Con encuadres de poca duración los vemos en constante actividad y la voz enunciativa nos va mostrando lo que daría pie al resto del argumento: la confianza de Jim y los fracasos amorosos de Jules, dos que se encontraron, una dupla inseparable.

La relación entre Catherine y el dibujo de mujer se perfecciona desde el momento en que ella baja las escaleras. Truffaut lo hace obvio: una imagen contra una pared y un dialogo que nos habla de la escultura. La cámara la mira desde todos los ángulos con planos fijos alrededor de su rostro como si se trataran de imágenes mentales, se detiene la historia para dar una explicación. Se ha creado un fantasma, una ilusión que se hace viva en Catherine.

No encontramos en "Jules et Jim" la reconstrucción y discontinuidad narrativa de Godard; sin embargo, se rompe ocasionalmente el orden del tiempo. Cuando Catherine se para frente a ellos durante el juego de ajedrez y les cuenta de como antes sólo hacía caras molestas. En el segundo exacto en el que hace la expresión con su rostro el encuadre se congela, pero escuchamos sus risas. Un error de continuidad adrede que constituye un fragmento de la escena logrado a la perfección y que sin duda pone la marca de la nueva ola.

El film es arrastrado a la realidad, Jules y Jim partieron a luchar en frentes contrarios y el ménage à trois se ve disuelto momentáneamente para regresar de forma esplícita cuando los tres personajes conviven y los amores se confunden. Se enlaza la ficción y el documental, el relato se mueve rápido, pero en un tiempo que se siente dilatado.

La cámara se libera del trípode cuando es necesario y nos muestra la intimidad de las relaciones. Nos hace participar de lo que está pasando, de su felicidad y no se nos esconde nada. A medida que el relato avanza la turbulencia del tiempo presente se va amarrando a una idea de tiempo pasado. Entendemos la pasividad de Jules y las ansias por el cambio de Catherine. Perdonamos la situación y la nueva pareja, pero se comienza a percibir una historia que ya ha sido contada, que ya terminó.

La genialidad del filme reside en su capacidad de seducción. El argumento del relato está construido para alamarnos, lo que sucede aquí no es normal y sin embargo no logra incomodar. El primero en enamorarse es Jules, Catherine lo recibe como si lo suyo estuviera predispuesto y Jim le envía un beso invisible al observarla hundirse en el Sena: un amor extraño que nunca se rompe.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Dejarse ir



Los ojos puestos sobre las vías del tren. El ruido del vacío no pertenecía del todo al paisaje que admiraba, resonaba desde dentro como una fábrica de miedo. Había esperado demasiadas veces para avanzar, pero lo que venía esta vez no era una pelota. Robert Enke coordinó el tiempo y sus movimientos una última vez y se abalanzó esta tarde sobre el vehículo expreso que cruzaba el camino de Eilvese.

El guardameta del Hannover 96 de Alemania escondió con cautela su tristeza, pero una carta de despedida que se conserva secreta confirma su suicidio. Los meses finales de sus 32 años estuvieron ocupados con atenciones médicas y reposos en casa por enfermedades gastrointestinales. Pero, lo que le sucedía en realidad era tan fuerte que lo mantuvo cautivo por años.

En uno de esos momentos fugaces donde se le puede arrancar declaraciones a un futbolista en entrenamiento, Enke declaró sentirse muy bien tras reanudar sus actividades. Nunca antes una mentira tan grande, vivía inmerso en un cuadro de depresión tan profundo que ninguno de sus éxitos en el fútbol pudo borrar. Una enfermedad cardiaca se llevó a su hija Lara hace tres años y secuestró también una parte de su alma.

Ayer vestía la camiseta número uno de la selección de su país y se disputaba con René Adler el puesto de arquero titular para el mundial Sudáfrica 2010. Su paso por el mundo dejó pedazos de historia en clubes españoles como el FC Barcelona, Tenerife y el Benfica de Lisboa, pero fue en la “Mannschaf” donde realmente alcanzó la cima.

Oliver Bierhoff no pudo contener las lágrimas en la conferencia de prensa donde se confirmó la cancelación del próximo partido amistoso con Chile. La expresión de su rostro representaba la dolencia de todos los presentes. Nadie estaba listo para hablar realmente, se respiraba negación. Poco después del anuncio de su muerte una multitud de personas se acomodaron a las afueras del AWD Arena para llenar el espacio con minutos de silencio, flores y velas.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Detrás del burka de Anese




Camina por su casa mientras escucha la televisión. Nada le impide dejar de escuchar la voz narradora del noticiero. Para el jefe de una típica familia afgana tener una hija periodista es un asunto difícil de tragar. Anese sabe que su trabajo no honra a su padre y aparecer en la pantalla significaría hundir aún más la herida. No quiere retroceder, pero si le preguntan confiesa evocando su religión: "Soy musulmana y debo obedecerle."
A menudo piensa en sus colegas asesinadas, el solo hecho de ser mujer en Kabúl puede sentenciarte a muerte. No teme a las posibilidades del peligro que su profesión encierra, lo que la mueve es un sentimiento más fuerte. Desde el pequeño espacio que los límites de su sociedad le trazan, se mueve sigilosa y denuncia la condición de lo que llama “el elemento secundario”.
La entrevista la ha puesto nerviosa, pero no puedo contener las ganas de describir lo que ha visto. Su trabajo en Tolo, el canal más importante del país, le ha demostrado que la situación de las mujeres no ha cambiado. Alejarse de la ciudad sería exponerse a la violencia de un machismo a ultranza.

miércoles, 21 de octubre de 2009

No te metas con la realeza 2

Las luces del exterior atravesaban los vitrales creando líneas de colores en todo el salón. Las gigantescas lámparas de cristal que colgaban del techo parecían vibrar al compás de la música y el bullicio de la reunión. La Convención Anual de Dibujos Animados llegaba a su fin, pero la recepción recién empezaba. El palacio de Disney nunca se había visto tan majestuoso y elegante, ni siquiera sus imponentes columnas y suelos de mármol blanco podían enfriar la celebración. El reino había logrado convocar nuevamente a los personajes más famosos del medio quienes entusiasmados por la magnitud del evento habían viajado desde muy lejos para asistir. Dispersos y atolondrados los asistentes se esforzaban por conseguir algo del extenso buffet. Mientras esperaba su turno en la mesa de sushi, una joven japonesa de piernas largas se tropezó con la cola del anfitrión.

-¡Ay señor, cuánto lo siento! ¡No ha sido mi intención pisarlo!- Pronunció esas palabras con dificultad, pues no lograba salir de su asombro al ver a quien tenía al frente.

-¿Y quién se supone que es esta mujer, Chris? – Mickey Mouse le replicó a su asistente personal.

Después de ser convencido por sus amigos más cercanos, el ratón más importante del lugar había decidido abandonar su trono para ejercitar un poco su vida social. No le gustaba el contacto físico con extraños, lo que acababa de ocurrir le resultaba inaudito.

-Eh…me temo que aun no es una mujer, señor. Su nombre es Candy, es la protagonista de un anime y si no me equivoco... – Le faltaban manos para buscar en la lista de invitados que cargaba, realmente no estaba preparado para ese tipo de sobresaltos.

-¡Estaba distraída, le juro que no lo vi! ¡Oh, estoy tan avergonzaba! ¡Debe de saber…!

Candy quería salir corriendo, abandonar la escena sin decir más.Apretada una mano con la otra como si estuviera rezando, no estaba segura si debía arrodillarse. Nunca antes en su vida se había topado con alguien tan poderoso y menos lo había pisado sin darse cuenta. Rápidamente se formó un tumulto. Los gritos de perdón que se escuchaban funcionaron como un llamado de emergencia, una alerta de chisme que no demoró en colarse en las conversaciones vecinas.

-Sigo escuchando, Chris… continúe. El jefe le interrumpió, sus grandes ojos la miraban fijamente, tenía ganas de golpearla.

-Como le decía, señor, la serie dejó de emitirse por asuntos legales. Pero, esta chica tiene solo 12 años y acaba de ser adoptaba por una familia inglesa.- comentó Chris, el asistente.

-Señorita, ha cometido un grave error. No estoy al tanto de sus enredos con la ley, pero aquí ningún ex convicto es bienvenido.

Mickey Mouse movía sus guantes blancos con violencia, parecía a punto de estallar. Minnie apareció por detrás. Aun no entendía el por qué del escándalo, pero sabía que un suceso como ese podría arruinar meses de preparación. Estaba lista para reaccionar.

-¡Oh no, usted se equivoca señor! No soy ninguna delincuente, en la Colina de Pony nadie lo es. Si mi nuevo padre se entera de esto, me abandonaría… ¡Por favor, se lo ruego! Su cola se interpuso en mi camino y yo…

Los grandes ojos verdes de Candy se mojaron de repente, cada palabra que salía de su boca se perdía en el ambiente. Nadie escuchaba realmente sus suplicas, por su cabeza solo pasaban los momentos más dramáticos de su sufrida existencia. Después de pronunciar esa última frase un silencio de ultratumba invadió el salón.

-¡Así que usted tiene problemas con mi cola! ¡Inaceptable! Chris, que los guardias la retiren inmediatamente.- exclamó con odio.

En cuestión de segundos, veinte efectivos de seguridad del reino la rodearon. Ninguno le llegaba más arriba de la cintura. Candy luchaba por no ser apresada, agitaba sus brazos flacos y movía la cabeza de un lado al otro. El más astuto de ellos la derribó jalándola de pelo, lo que permitió que sus compañeros la inmovilizaran por completo. La orden del jefe se cumplió en el acto, la voz de la chica se alejaba y pronto desaparecieron tras una enorme puerta de madera.

-El próximo año revisaremos esa lista con más cuidado, Chris.- dijo Mickey Mouse calmado mientras sonreía a los curiosos.

lunes, 19 de octubre de 2009

No te metas con la realeza


La Convención Anual de Dibujos Animados llegaba a su fin. En una sala de conferencias de Disney los asistentes se atolondraban por conseguir algo del extenso buffet. Un personaje japonés de piernas largas se tropezó con la cola del anfitrión.

-¡Ay señor, cuánto lo siento! ¡No ha sido mi intención pisarlo!
-¿Y quién se supone que es esta mujer, Chris? – Mickey Mouse le replicó a su asistente personal.-

-Eh…me temo que aun no es una mujer, señor. Su nombre es Candy, es la protagonista de un anime y si no me equivoco... - El asistente busca en su lista de invitados.-

-¡Estaba distraída, le juro que no lo vi! ¡Oh, estoy tan avergonzaba! ¡Debe de saber…! Candy suplica disculpas.-

-Sigo escuchando, Chris… continúe. El ratón le interrumpió, sus grandes ojos la miraban fijamente.-

-Como le decía, señor, la serie dejó de emitirse por asuntos legales. Pero, esta chica tiene solo 12 años y acaba de ser adoptaba por una familia inglesa.

-Señorita, ha cometido un grave error. No estoy al tanto de sus enredos con la ley, pero aquí ningún ex convicto es bienvenido.

-¡Oh no, usted se equivoca señor! No soy ninguna delincuente, en la Colina de Pony nadie lo es. Si mi nuevo padre se entera de esto, me abandonaría ¡Por favor, se lo ruego! Su cola se interpuso en mi camino y yo…

-¡Así que usted tiene problemas con mi cola! ¡Inaceptable! Chris, que los guardias la retiren inmediatamente.


En cuestión de segundos, veinte efectivos de seguridad del reino la rodearon. Ninguno le llegaba más arriba de la cintura. Candy luchaba por no ser apresada. La derribaron jalándola de pelo y la orden del jefe se cumplió en el acto.

-El próximo año revisaremos esa lista con más cuidado, Chris.- Exclamó Mickey Mouse mientras sonreía a los curiosos.-