
Los ojos puestos sobre las vías del tren. El ruido del vacío no pertenecía del todo al paisaje que admiraba, resonaba desde dentro como una fábrica de miedo. Había esperado demasiadas veces para avanzar, pero lo que venía esta vez no era una pelota. Robert Enke coordinó el tiempo y sus movimientos una última vez y se abalanzó esta tarde sobre el vehículo expreso que cruzaba el camino de Eilvese.
El guardameta del Hannover 96 de Alemania escondió con cautela su tristeza, pero una carta de despedida que se conserva secreta confirma su suicidio. Los meses finales de sus 32 años estuvieron ocupados con atenciones médicas y reposos en casa por enfermedades gastrointestinales. Pero, lo que le sucedía en realidad era tan fuerte que lo mantuvo cautivo por años.
En uno de esos momentos fugaces donde se le puede arrancar declaraciones a un futbolista en entrenamiento, Enke declaró sentirse muy bien tras reanudar sus actividades. Nunca antes una mentira tan grande, vivía inmerso en un cuadro de depresión tan profundo que ninguno de sus éxitos en el fútbol pudo borrar. Una enfermedad cardiaca se llevó a su hija Lara hace tres años y secuestró también una parte de su alma.
Ayer vestía la camiseta número uno de la selección de su país y se disputaba con René Adler el puesto de arquero titular para el mundial Sudáfrica 2010. Su paso por el mundo dejó pedazos de historia en clubes españoles como el FC Barcelona, Tenerife y el Benfica de Lisboa, pero fue en la “Mannschaf” donde realmente alcanzó la cima.
Oliver Bierhoff no pudo contener las lágrimas en la conferencia de prensa donde se confirmó la cancelación del próximo partido amistoso con Chile. La expresión de su rostro representaba la dolencia de todos los presentes. Nadie estaba listo para hablar realmente, se respiraba negación. Poco después del anuncio de su muerte una multitud de personas se acomodaron a las afueras del AWD Arena para llenar el espacio con minutos de silencio, flores y velas.
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