
Sale disparado y se mete en una limusina que espera en una calle de Manhattan. “El maestro García Márquez le manda decir que no se vaya” le cuenta el chofer y aparece un respiro tras la reciente negativa. Parado en el lobby del hotel el principiante ansioso entiende que le han abierto una posibilidad.
Detrás del apurado primer encuentro se escondía una especie de responsabilidad benevolente, la de un profesor incapaz de dar la espalda. Tal vez le recordaba sus comienzos como reportero o se dejó llevar por la desesperación de sus ojos, lo cierto es que sabía que al final lo incluiría en sus correteos.
Militante abnegado de su oficio a Gabo parece no cambiarlo nada, la autenticidad de su personaje se siente aún fresca y verdadera. Sabe dilatar el tiempo de su agitada y famosa vida, para él cualquier ciudad del mundo es la misma si se trata de hacer su trabajo. Escribe y mucho, pero nunca en pijama porque se lo toma en serio. Conserva intactos los cimientos que aguantaron desde siempre su práctica periodística.
Por fin lo tiene en un sillón, al escritor y a todo su ego. Debe apurarse, las reglas del juego ya están sentadas también. Sólo quince minutos y nada de maliciosas grabadoras. El aprendiz quiere desentrañar toda su sabiduría, pero lo único que consigue son respuestas cortantes, malhumoradas y graciosas. Se creía que le habían dado la misión de entrevistar a un dios, algo imposible de arruinar. Sin embargo, el adolescente necio que vive en García Márquez le dejó clara la cosa, no le iba a resolver los problemas de Latinoamérica.
La conversación se prolongó, algo surgió para que no se levantara. El joven periodista recibía más lecciones que en toda su carrera universitaria y el veterano confiado lo miraba con curiosidad. Tal vez su anhelo por recuperar las raíces de su adorada profesión encontraba una esperanza.
No se dijo mucho, pero fue suficiente para que una idea se dibuje. La felicidad de contar historias es su alimento y su único secreto. La literatura será siempre su compañera fiel, la que lo moverá a seguir avanzando.
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