
La pasarela era esta vez una mugrienta calle de Nueva York. Naomi Campbell derramaba glamour y vergüenza ante una audiencia que disfrutaba cada minuto de su humillante castigo. Cuatro puntos en la cabeza de su empleada doméstica y un celular como prueba habían inaugurado una aparente historia sin fin.
Confiada en que los traumas de su niñez pueden justificarlo todo, la modelo negra más famosa del mundo arremete con furia contra cualquier incapaz de cumplir sus caprichos. Fue esta fama mal digerida la que después le negó la entrada a EEUU al haberle escupido a un policía en el aeropuerto de Londres.
La reincidencia de sus escándalos puede llegar a parecer una estrategia de marketing. Naomi nunca aprende y confirma su delirante comportamiento con cada agresión. Así sucedió dentro del yate de su novio en Italia cuando destrozó la cocina y por poco al cocinero, causando daños de más de 50 mil dólares.
Acercándose a los 40 la infantiloide diva acusa de racista al universo del modelaje y se reclama como víctima de discriminación. Lo cierto es que los hechos hablan por sí solos y valdría la pena ponerse a pensar si después de tantos arañones y mordeduras no sería lo más inteligente alejarse de ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario