miércoles, 18 de noviembre de 2009
Mi chico invisible

Hierro 3 (2004) es un relato contado a la perfección con una continuidad clarísima que deja entender todos los símbolos y desarma las estructuras de nuestros esquemas pasionales. Lo primero que salta a la vista es el uso de una estética minimalista que no se pierde en ningún momento y que envuelve con gracia todas las escenas. Una suerte de minimalismo que ayuda a mantener un solo sentir, de parsimonia y dilatación.
Kim ki duk es dueño de una visión de vanguardia manejada con inteligencia. Ha sabido como extender su producción hacia un ámbito más comercial, creando películas transparentes y digeribles. Aborda historias mínimas que rebuscan en nuestros sentimientos, se interesa por la marginalidad de algunos y muestra la tradición que aun existe en su sociedad.
Tae-suk es un chico que reparte pequeños avisos publicitarios de casa en casa y que de vez en cuando decide quedarse en alguna de ellas para dormir. Se moviliza en una moto que parece ser su única pertenencia, los papeles que pega en las puertas le permiten saber que casa está vacía y sin pensarlo dos veces saca su kit de herramientas para entrar y usarla como si fuera suya. Todo cambia al cruzar la puerta de Sun-hwa.
Se han encontrado dos almas gemelas y el poder del contacto es mágico. Después de ser descubierto y huir avergonzado Tae-suk regresa por ella para tender con ternura su ropa rosada en el piso. El desarrollo es dueño de una lentitud que no incomoda. No se necesitan palabras para narrar esta historia y así permanece callada por un largo tiempo. Los personajes que vemos se comunican intersubjetivamente, comprenden cada una de sus intenciones y nosotros también.
Para matar con amor

Karen Llantoy se despertaba asustada todas las mañanas. Sentada al pie de su cama ponían las manos en su vientre esperando a sentir el mínimo movimiento. Su embarazo no era normal, a sus diecisiete años llevaba dentro a un bebe destinado a morir. Producto de una malformación su hija crecía sin cerebro y ningún tratamiento médico podía salvarla. Rogó por ayuda, pero el conservadurismo del Estado peruano la sentenció a un calvario. El aborto terapéutico le fue prohibido.
“No sentía ganas de vivir y mis días eran absolutamente nublados en todo aspecto. No sé cómo he logrado salir de todo eso.” Cinco años después Karen reflexiona sobre el episodio más traumático de su vida. Lejos del país tiene la confianza de que la publicación de su experiencia remecerá los cimientos del Código penal y los 370.000 abortos que se producen al año dejarán de ser clandestinos.
El caso ha regresado a la ONU y el plazo para indemnizar a la víctima ya está vencido. La despenalización del aborto por violación y malformaciones congénitas aparece como la única opción para salir del problema. La ciudad está plagada de historias de perforaciones hechas en casa y los ojos acuciosos de nuestra sociedad conservadora no pueden detenerlas. La desinformación sobre los cuidados de la vida sexual es una realidad que deja una marca en las escuelas y las ideas claras que lleven a decisiones inteligentes no llegan. Es probable que la resonancia de este caso en particular sacuda a las altas instancias, pero sus verdaderas consecuencias están aún por verse.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Una furia rara

Truffaut dejó su vida en imágenes. La vida era la pantalla, derramó sus vivencias, sus ilusiones y desesperanzas. Una audacia que puede ser vista como su forma personal de curarse de todos esos traumas que desde niño lo persiguieron. Antes de la película se encontró con "Jules et Jim" la novela escrita por Henri-Pierre Roché y se enamoró perdidamente de la historia. Un triángulo amoroso entre un alemán (Jules), un francés (Jim) y una chica elevada a la categoría de diosa mística (Catherine), dificilmente una formula fácil de tragar para una sociedad todavía intolerante y conservadora.
Invadida por una especie de fiebre de felicidad, se trata de un filme de movimientos violentos y a la vez tiernos, de comentarios insperados y cortos que al ser analizados descubren la verdadera intención de los personajes. De miradas y de dejar que las cosas caigan por su propio peso.
La voz en off, hilo literario y narrador de acontecimientos, marca una estética de espacios sin silencios. Arrima la quietud y trasmite la energía y la fuerza que da la sensación de un cine mudo paisajista, pero nuevo. Este recurso aparece desde el comienzo, en una obertura desconcertante, donde se marca el cuadro ficcional con pedazos del inicio de la amistad entre Jules y Jim. Con encuadres de poca duración los vemos en constante actividad y la voz enunciativa nos va mostrando lo que daría pie al resto del argumento: la confianza de Jim y los fracasos amorosos de Jules, dos que se encontraron, una dupla inseparable.
La relación entre Catherine y el dibujo de mujer se perfecciona desde el momento en que ella baja las escaleras. Truffaut lo hace obvio: una imagen contra una pared y un dialogo que nos habla de la escultura. La cámara la mira desde todos los ángulos con planos fijos alrededor de su rostro como si se trataran de imágenes mentales, se detiene la historia para dar una explicación. Se ha creado un fantasma, una ilusión que se hace viva en Catherine.
No encontramos en "Jules et Jim" la reconstrucción y discontinuidad narrativa de Godard; sin embargo, se rompe ocasionalmente el orden del tiempo. Cuando Catherine se para frente a ellos durante el juego de ajedrez y les cuenta de como antes sólo hacía caras molestas. En el segundo exacto en el que hace la expresión con su rostro el encuadre se congela, pero escuchamos sus risas. Un error de continuidad adrede que constituye un fragmento de la escena logrado a la perfección y que sin duda pone la marca de la nueva ola.
El film es arrastrado a la realidad, Jules y Jim partieron a luchar en frentes contrarios y el ménage à trois se ve disuelto momentáneamente para regresar de forma esplícita cuando los tres personajes conviven y los amores se confunden. Se enlaza la ficción y el documental, el relato se mueve rápido, pero en un tiempo que se siente dilatado.
La cámara se libera del trípode cuando es necesario y nos muestra la intimidad de las relaciones. Nos hace participar de lo que está pasando, de su felicidad y no se nos esconde nada. A medida que el relato avanza la turbulencia del tiempo presente se va amarrando a una idea de tiempo pasado. Entendemos la pasividad de Jules y las ansias por el cambio de Catherine. Perdonamos la situación y la nueva pareja, pero se comienza a percibir una historia que ya ha sido contada, que ya terminó.
La genialidad del filme reside en su capacidad de seducción. El argumento del relato está construido para alamarnos, lo que sucede aquí no es normal y sin embargo no logra incomodar. El primero en enamorarse es Jules, Catherine lo recibe como si lo suyo estuviera predispuesto y Jim le envía un beso invisible al observarla hundirse en el Sena: un amor extraño que nunca se rompe.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Dejarse ir

Los ojos puestos sobre las vías del tren. El ruido del vacío no pertenecía del todo al paisaje que admiraba, resonaba desde dentro como una fábrica de miedo. Había esperado demasiadas veces para avanzar, pero lo que venía esta vez no era una pelota. Robert Enke coordinó el tiempo y sus movimientos una última vez y se abalanzó esta tarde sobre el vehículo expreso que cruzaba el camino de Eilvese.
El guardameta del Hannover 96 de Alemania escondió con cautela su tristeza, pero una carta de despedida que se conserva secreta confirma su suicidio. Los meses finales de sus 32 años estuvieron ocupados con atenciones médicas y reposos en casa por enfermedades gastrointestinales. Pero, lo que le sucedía en realidad era tan fuerte que lo mantuvo cautivo por años.
En uno de esos momentos fugaces donde se le puede arrancar declaraciones a un futbolista en entrenamiento, Enke declaró sentirse muy bien tras reanudar sus actividades. Nunca antes una mentira tan grande, vivía inmerso en un cuadro de depresión tan profundo que ninguno de sus éxitos en el fútbol pudo borrar. Una enfermedad cardiaca se llevó a su hija Lara hace tres años y secuestró también una parte de su alma.
Ayer vestía la camiseta número uno de la selección de su país y se disputaba con René Adler el puesto de arquero titular para el mundial Sudáfrica 2010. Su paso por el mundo dejó pedazos de historia en clubes españoles como el FC Barcelona, Tenerife y el Benfica de Lisboa, pero fue en la “Mannschaf” donde realmente alcanzó la cima.
Oliver Bierhoff no pudo contener las lágrimas en la conferencia de prensa donde se confirmó la cancelación del próximo partido amistoso con Chile. La expresión de su rostro representaba la dolencia de todos los presentes. Nadie estaba listo para hablar realmente, se respiraba negación. Poco después del anuncio de su muerte una multitud de personas se acomodaron a las afueras del AWD Arena para llenar el espacio con minutos de silencio, flores y velas.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Detrás del burka de Anese

Camina por su casa mientras escucha la televisión. Nada le impide dejar de escuchar la voz narradora del noticiero. Para el jefe de una típica familia afgana tener una hija periodista es un asunto difícil de tragar. Anese sabe que su trabajo no honra a su padre y aparecer en la pantalla significaría hundir aún más la herida. No quiere retroceder, pero si le preguntan confiesa evocando su religión: "Soy musulmana y debo obedecerle."
A menudo piensa en sus colegas asesinadas, el solo hecho de ser mujer en Kabúl puede sentenciarte a muerte. No teme a las posibilidades del peligro que su profesión encierra, lo que la mueve es un sentimiento más fuerte. Desde el pequeño espacio que los límites de su sociedad le trazan, se mueve sigilosa y denuncia la condición de lo que llama “el elemento secundario”.
La entrevista la ha puesto nerviosa, pero no puedo contener las ganas de describir lo que ha visto. Su trabajo en Tolo, el canal más importante del país, le ha demostrado que la situación de las mujeres no ha cambiado. Alejarse de la ciudad sería exponerse a la violencia de un machismo a ultranza.
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