Las luces del exterior atravesaban los vitrales creando líneas de colores en todo el salón. Las gigantescas lámparas de cristal que colgaban del techo parecían vibrar al compás de la música y el bullicio de la reunión. La Convención Anual de Dibujos Animados llegaba a su fin, pero la recepción recién empezaba. El palacio de Disney nunca se había visto tan majestuoso y elegante, ni siquiera sus imponentes columnas y suelos de mármol blanco podían enfriar la celebración. El reino había logrado convocar nuevamente a los personajes más famosos del medio quienes entusiasmados por la magnitud del evento habían viajado desde muy lejos para asistir. Dispersos y atolondrados los asistentes se esforzaban por conseguir algo del extenso buffet. Mientras esperaba su turno en la mesa de sushi, una joven japonesa de piernas largas se tropezó con la cola del anfitrión.
-¡Ay señor, cuánto lo siento! ¡No ha sido mi intención pisarlo!- Pronunció esas palabras con dificultad, pues no lograba salir de su asombro al ver a quien tenía al frente.
-¿Y quién se supone que es esta mujer, Chris? – Mickey Mouse le replicó a su asistente personal.
Después de ser convencido por sus amigos más cercanos, el ratón más importante del lugar había decidido abandonar su trono para ejercitar un poco su vida social. No le gustaba el contacto físico con extraños, lo que acababa de ocurrir le resultaba inaudito.
-Eh…me temo que aun no es una mujer, señor. Su nombre es Candy, es la protagonista de un anime y si no me equivoco... – Le faltaban manos para buscar en la lista de invitados que cargaba, realmente no estaba preparado para ese tipo de sobresaltos.
-¡Estaba distraída, le juro que no lo vi! ¡Oh, estoy tan avergonzaba! ¡Debe de saber…!
Candy quería salir corriendo, abandonar la escena sin decir más.Apretada una mano con la otra como si estuviera rezando, no estaba segura si debía arrodillarse. Nunca antes en su vida se había topado con alguien tan poderoso y menos lo había pisado sin darse cuenta. Rápidamente se formó un tumulto. Los gritos de perdón que se escuchaban funcionaron como un llamado de emergencia, una alerta de chisme que no demoró en colarse en las conversaciones vecinas.
-Sigo escuchando, Chris… continúe. El jefe le interrumpió, sus grandes ojos la miraban fijamente, tenía ganas de golpearla.
-Como le decía, señor, la serie dejó de emitirse por asuntos legales. Pero, esta chica tiene solo 12 años y acaba de ser adoptaba por una familia inglesa.- comentó Chris, el asistente.
-Señorita, ha cometido un grave error. No estoy al tanto de sus enredos con la ley, pero aquí ningún ex convicto es bienvenido.
Mickey Mouse movía sus guantes blancos con violencia, parecía a punto de estallar. Minnie apareció por detrás. Aun no entendía el por qué del escándalo, pero sabía que un suceso como ese podría arruinar meses de preparación. Estaba lista para reaccionar.
-¡Oh no, usted se equivoca señor! No soy ninguna delincuente, en la Colina de Pony nadie lo es. Si mi nuevo padre se entera de esto, me abandonaría… ¡Por favor, se lo ruego! Su cola se interpuso en mi camino y yo…
Los grandes ojos verdes de Candy se mojaron de repente, cada palabra que salía de su boca se perdía en el ambiente. Nadie escuchaba realmente sus suplicas, por su cabeza solo pasaban los momentos más dramáticos de su sufrida existencia. Después de pronunciar esa última frase un silencio de ultratumba invadió el salón.
-¡Así que usted tiene problemas con mi cola! ¡Inaceptable! Chris, que los guardias la retiren inmediatamente.- exclamó con odio.
En cuestión de segundos, veinte efectivos de seguridad del reino la rodearon. Ninguno le llegaba más arriba de la cintura. Candy luchaba por no ser apresada, agitaba sus brazos flacos y movía la cabeza de un lado al otro. El más astuto de ellos la derribó jalándola de pelo, lo que permitió que sus compañeros la inmovilizaran por completo. La orden del jefe se cumplió en el acto, la voz de la chica se alejaba y pronto desaparecieron tras una enorme puerta de madera.
-El próximo año revisaremos esa lista con más cuidado, Chris.- dijo Mickey Mouse calmado mientras sonreía a los curiosos.
miércoles, 21 de octubre de 2009
lunes, 19 de octubre de 2009
No te metas con la realeza

La Convención Anual de Dibujos Animados llegaba a su fin. En una sala de conferencias de Disney los asistentes se atolondraban por conseguir algo del extenso buffet. Un personaje japonés de piernas largas se tropezó con la cola del anfitrión.
-¡Ay señor, cuánto lo siento! ¡No ha sido mi intención pisarlo!
-¿Y quién se supone que es esta mujer, Chris? – Mickey Mouse le replicó a su asistente personal.-
-Eh…me temo que aun no es una mujer, señor. Su nombre es Candy, es la protagonista de un anime y si no me equivoco... - El asistente busca en su lista de invitados.-
-¡Estaba distraída, le juro que no lo vi! ¡Oh, estoy tan avergonzaba! ¡Debe de saber…! Candy suplica disculpas.-
-Sigo escuchando, Chris… continúe. El ratón le interrumpió, sus grandes ojos la miraban fijamente.-
-Como le decía, señor, la serie dejó de emitirse por asuntos legales. Pero, esta chica tiene solo 12 años y acaba de ser adoptaba por una familia inglesa.
-Señorita, ha cometido un grave error. No estoy al tanto de sus enredos con la ley, pero aquí ningún ex convicto es bienvenido.
-¡Oh no, usted se equivoca señor! No soy ninguna delincuente, en la Colina de Pony nadie lo es. Si mi nuevo padre se entera de esto, me abandonaría ¡Por favor, se lo ruego! Su cola se interpuso en mi camino y yo…
-¡Así que usted tiene problemas con mi cola! ¡Inaceptable! Chris, que los guardias la retiren inmediatamente.
En cuestión de segundos, veinte efectivos de seguridad del reino la rodearon. Ninguno le llegaba más arriba de la cintura. Candy luchaba por no ser apresada. La derribaron jalándola de pelo y la orden del jefe se cumplió en el acto.
-El próximo año revisaremos esa lista con más cuidado, Chris.- Exclamó Mickey Mouse mientras sonreía a los curiosos.-
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